Durante años, las estadísticas oficiales sobre conducción distraída han intentado responder una pregunta aparentemente sencilla: ¿cuántos accidentes ocurren porque alguien estaba usando el teléfono? El problema es que demostrarlo después de un choque resulta mucho más difícil de lo que parece. Un conductor rara vez admite que estaba mirando una pantalla, los testigos pueden no haberlo visto y los agentes que llegan a la escena muchas veces tienen que reconstruir lo ocurrido utilizando información incompleta. Por eso una parte importante de los accidentes relacionados con celulares puede terminar registrada simplemente como pérdida de control, falta de atención o causa desconocida.

Un nuevo estudio del Insurance Institute for Highway Safety, IIHS, publicado en agosto de 2026 pone números concretos a ese problema. Los investigadores compararon casi 17,000 accidentes registrados por la policía en cuatro estados entre 2021 y 2024 con datos telemáticos procedentes de aplicaciones de conducción segura. La conclusión fue contundente: los informes policiales podrían estar subestimando el uso del teléfono antes de un accidente por un factor de al menos siete.

La diferencia no es menor. Los datos telemáticos mostraron que los conductores habían utilizado el celular durante los 30 segundos anteriores al impacto en aproximadamente 7% de los choques de un solo vehículo y 8% de los accidentes entre dos vehículos. Sin embargo, los informes policiales del mismo conjunto de accidentes registraron distracción por celular en menos de 1% de los casos.

Eso no significa que el teléfono haya provocado necesariamente todos esos accidentes. Los investigadores no podían determinar si el conductor que estaba utilizando el celular tuvo la culpa ni si esa actividad fue la causa directa del choque. Pero sí demuestra que existe una enorme cantidad de uso del teléfono inmediatamente antes de los accidentes que nunca llega a aparecer en las estadísticas policiales.

El problema puede ser mucho mayor de lo que reflejan las cifras oficiales

NHTSA reporta que 3,208 personas murieron en accidentes que involucraron a conductores distraídos durante 2024, mientras otras 315,167 resultaron heridas. La conducción distraída estuvo presente oficialmente en alrededor de 8% de los accidentes fatales de ese año.

Sin embargo, incluso la propia agencia federal reconoce que esas cifras probablemente son conservadoras. En octubre de 2026, el administrador de NHTSA señaló que identificar la distracción después de un accidente es extremadamente complicado y que los registros oficiales no capturan completamente la magnitud del problema. La agencia citó además investigaciones anteriores según las cuales la distracción podría estar involucrada en una proporción muchísimo mayor del total de accidentes de tráfico.

Esta dificultad crea una especie de punto ciego estadístico. Podemos contar vehículos dañados, lesiones, muertes y ubicación del accidente con bastante precisión. Determinar exactamente qué estaba mirando el conductor segundos antes del impacto es mucho más complicado. Si nadie vio el teléfono y el propio conductor no lo reconoce, esa información puede simplemente desaparecer de la investigación.

Los datos del teléfono cuentan una historia diferente

Aquí es donde la telemática cambia completamente el panorama. Cambridge Mobile Telematics, CMT, opera plataformas utilizadas por aplicaciones de conducción segura y programas de seguros basados en comportamiento. Esas aplicaciones pueden detectar determinados tipos de interacción con el teléfono mientras el usuario conduce, como llamadas, manipulación física de la pantalla o momentos en que el dispositivo permanece desbloqueado.

Los investigadores del IIHS utilizaron estos registros de manera anonimizada y los vincularon con accidentes documentados por la policía. Para realizar la comparación buscaron coincidencias de fecha, hora y ubicación entre ambos sistemas, aceptando un margen de hasta 15 minutos y una milla debido a que los informes policiales no siempre registran esos datos con precisión absoluta. El resultado fue una muestra de aproximadamente 16,800 accidentes que podían compararse entre ambas fuentes.

Cuando observaron qué había ocurrido durante los segundos anteriores al impacto, apareció una diferencia enorme entre lo que había registrado el teléfono y lo que finalmente quedó escrito en el informe oficial.

Tocar y deslizar la pantalla aparece cientos de veces antes del choque

Entre los 15,301 accidentes de dos vehículos analizados, los datos telemáticos detectaron 590 episodios de manipulación del teléfono durante los 30 segundos previos al impacto. Eso incluye acciones como tocar, deslizar o manejar físicamente el dispositivo. Los informes policiales correspondientes solamente identificaron 17 casos dentro de una categoría comparable.

Durante los 10 segundos inmediatamente anteriores al accidente, la telemática detectó 287 casos de manipulación frente a los mismos 17 registrados por la policía. La diferencia resulta especialmente importante porque cuanto más cerca está la interacción del momento del impacto, mayor puede ser su relevancia para comprender lo que estaba haciendo el conductor.

Las llamadas tradicionales, curiosamente, aparecieron mucho menos. Las llamadas con el teléfono en la mano y las llamadas manos libres representaron una fracción pequeña frente a la manipulación directa de la pantalla. Esto refleja cómo ha cambiado nuestra relación con los teléfonos. El problema moderno no consiste únicamente en contestar una llamada. Ahora tenemos mensajes, redes sociales, navegación, música, aplicaciones, videos y notificaciones compitiendo constantemente por nuestra atención.

El teléfono ya no se utiliza principalmente para hablar

Hace veinte años, la discusión sobre celulares al volante se concentraba principalmente en llamadas. La preocupación era conducir con una mano mientras sosteníamos el teléfono con la otra. Hoy esa imagen se queda corta. Los smartphones modernos contienen prácticamente toda nuestra vida digital, y muchas de las actividades que realizamos requieren mirar directamente la pantalla.

El IIHS encontró que la manipulación física y el uso pasivo de teléfonos desbloqueados eran mucho más comunes que las llamadas inmediatamente antes de los accidentes. El uso pasivo incluye situaciones donde el conductor no necesariamente está tocando el teléfono, pero la pantalla permanece activa, posiblemente mostrando navegación, videos u otro contenido.

Eso importa porque tener las manos sobre el volante no garantiza que nuestra atención esté en la carretera. Un teléfono colocado en un soporte puede parecer más seguro, pero si estamos mirando repetidamente una aplicación durante varios segundos, la distracción visual continúa existiendo.

Dos segundos mirando hacia otro lado pueden duplicar el riesgo

Uno de los datos que más ayuda a entender el peligro proviene de investigaciones sobre el tiempo que apartamos la vista de la carretera. IIHS señala que mirar fuera de la vía durante apenas dos segundos puede duplicar el riesgo de un accidente o de una situación cercana al choque.

Dos segundos parecen insignificantes hasta que los convertimos en distancia. A 60 millas por hora, un vehículo recorre aproximadamente 53 metros durante ese tiempo. En dos segundos puede aparecer un automóvil frenando, un peatón, una motocicleta, una curva o un semáforo que cambia de color.

NHTSA utiliza un ejemplo todavía más impactante con los mensajes de texto. Leer o enviar uno puede apartar la vista durante unos cinco segundos. A 55 mph, eso equivale aproximadamente a recorrer la longitud completa de un campo de fútbol americano prácticamente sin mirar la carretera.

El peligro no está únicamente en cuánto tiempo dura la actividad. También está en que el tráfico continúa moviéndose mientras nuestra atención se encuentra en otro lugar.

Navegar con el teléfono tampoco es completamente inocente

Muchos conductores consideran que utilizar Google Maps, Waze u otra aplicación de navegación no cuenta como distracción porque forma parte del viaje. Sin embargo, la manera en que utilizamos esas herramientas importa.

Los datos del IIHS registraron una cantidad considerable de uso pasivo de pantallas desbloqueadas inmediatamente antes de accidentes. Los investigadores reconocen que buena parte podría corresponder a navegación, pero también señalan que estudios de conducción natural han encontrado miradas prolongadas hacia la zona central del tablero antes de algunos accidentes y situaciones de riesgo.

Una indicación de voz probablemente genera mucha menos distracción que intentar leer un mapa pequeño, buscar una dirección nueva o ampliar la pantalla mientras conducimos. Por eso programar la ruta antes de comenzar el recorrido sigue siendo una de las medidas más sencillas para reducir el problema.

Ver videos mientras se conduce ya no es algo excepcional

Existe otro dato especialmente preocupante. En una encuesta separada citada por IIHS, casi uno de cada cuatro conductores reconoció haber visto un video en su teléfono mientras conducía al menos una vez durante los 30 días anteriores.

Esto demuestra hasta qué punto han cambiado los hábitos digitales. Ya no hablamos únicamente de alguien contestando un mensaje urgente. Existen personas consumiendo contenido audiovisual mientras están al volante.

El problema resulta evidente. Un video está diseñado específicamente para capturar nuestra atención visual y mental. Incluso si el teléfono se encuentra colocado en un soporte, mirar repetidamente la pantalla significa que durante esos momentos el conductor está procesando información que no tiene nada que ver con lo que ocurre frente al vehículo.

Y a diferencia de una llamada, donde podemos mantener la vista en la carretera, un video necesita precisamente aquello que más necesitamos para conducir: nuestros ojos.

La policía muchas veces no tiene forma de saber qué ocurrió

Podría parecer extraño que exista una diferencia de siete veces entre telemática e informes policiales, pero la explicación resulta bastante lógica. Cuando un agente llega a la escena encuentra vehículos dañados, conductores alterados y, posiblemente, personas heridas. Su prioridad es asegurar el lugar, solicitar asistencia médica, recoger declaraciones y documentar evidencia.

Si nadie vio al conductor utilizando el teléfono y no existe una admisión directa, demostrarlo puede resultar prácticamente imposible en ese momento. Revisar registros digitales puede necesitar procedimientos legales adicionales y no siempre existe una razón inmediata para hacerlo en accidentes menores.

El IIHS encontró además algo sorprendente: incluso cuando la telemática y la policía detectaban uso del celular en el mismo accidente, casi nunca coincidían sobre el tipo específico de actividad. En toda la muestra de casi 17,000 accidentes, ambos sistemas identificaron exactamente la misma clase de uso en solamente tres casos.

Eso demuestra cuán difícil es reconstruir con precisión qué estaba haciendo una persona con su teléfono segundos antes de chocar.

El conductor tampoco tiene demasiados incentivos para admitirlo

Existe además un problema humano. Si acabamos de provocar un accidente mientras mirábamos Instagram, respondiendo un mensaje o cambiando una canción, reconocerlo puede tener consecuencias legales y económicas. Puede afectar multas, responsabilidad, seguro y cualquier investigación posterior.

Por eso confiar exclusivamente en declaraciones personales tiene limitaciones evidentes.

No significa que todos los conductores mientan después de un accidente. Significa que el sistema depende en gran medida de una información que muchas veces no puede comprobarse inmediatamente.

La telemática permite observar el comportamiento de manera diferente porque registra actividad automáticamente antes del impacto.

Pero utilizar el teléfono antes del choque no demuestra que haya causado el accidente

Esta distinción resulta fundamental para interpretar correctamente el nuevo estudio. Los investigadores no pudieron determinar si la persona que utilizaba el teléfono fue responsable del accidente. Tampoco pudieron establecer que la actividad detectada haya causado directamente el choque.

Un conductor puede haber tocado la pantalla 25 segundos antes del impacto, haber vuelto completamente la atención a la carretera y después ser golpeado por otro vehículo. Por eso sería incorrecto afirmar que 8% de todos los accidentes estudiados fueron “causados por teléfonos”.

Lo que el estudio demuestra es algo diferente: el uso del celular antes de los accidentes aparece con mucha mayor frecuencia en los datos objetivos del dispositivo que en los registros policiales.

Eso, por sí solo, es suficientemente importante porque sugiere que las estadísticas tradicionales podrían estar describiendo solamente una parte del problema.

La conducción distraída tampoco se limita al celular

Aunque el nuevo estudio se concentra en teléfonos, NHTSA recuerda que la distracción puede incluir prácticamente cualquier actividad que desvíe atención de la conducción. Comer, beber, conversar con pasajeros, ajustar el sistema de entretenimiento, utilizar la navegación o incluso pensar intensamente en otra cosa puede reducir nuestra concentración.

El teléfono destaca porque combina varios tipos de distracción simultáneamente. Puede obligarnos a mirar hacia otro lugar, retirar una mano del volante y pensar en una conversación completamente ajena al tráfico.

Enviar un mensaje puede involucrar las tres cosas al mismo tiempo.

Eso explica por qué las campañas de seguridad continúan concentrándose tanto en el celular aunque existan muchas otras fuentes de distracción.

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